miércoles 4 de enero de 2012

2011, EL AÑO QUE VIVIMOS EN PELIGRO

Por Ezequiel Fernandez Moores (Canchallena)


En qué momento el fútbol argentino comenzó a cambiar historia por histeria? ¿Cuándo los capos de las barras comenzaron a compartir cámaras con los cracks? ¿Cuándo la épica dejó los campos y se mudó a las tribunas? ¿Cuándo el amor al fútbol devino show? ¿Cuándo la TV nos vendió que teníamos "el campeonato más competitivo" del mundo? ¿Cuándo nos creímos que "lo único" importante era ganar? ¿Cuándo privilegiamos la lucha por sobre el juego? ¿Cuándo los pichones de cracks de clubes vaciados pasaron a ser propiedad de los fondos de inversión? ¿O cuándo Julio Grondona decidió eternizarse en la AFA? Crónicas de todas las épocas suelen lamentar que en la década anterior se jugara mejor. Los recuerdos siempre son más generosos que el presente. Pero 2011, un año sin ningún título internacional para el fútbol argentino, y con River en la B, confirmó un declive de profundidades impensadas, que alcanzó incluso al seleccionado mayor. Se debate sobre posibles cambios de formato de campeonatos para 2012. Pero el problema no es el envase, sino el contenido.


Pocas veces como Barcelona en 2011 un equipo mostró una superioridad tan apabullante sobre el resto. Primero fue el baile a Manchester United en la final de la Liga de Campeones, en mayo. "No pudimos hacer nada para quitarle la pelota. Nada. Nada. ¡Pero nada, ¿eh?! Imposible." Wayne Rooney, el atacante estrella de Manchester, contó también que el día del 5-0 de Barça a Real Madrid en el Camp Nou, en noviembre de 2010, estaba solo en su casa. Y que se levantó del sillón "para aplaudir algo que nunca había visto". Unos días atrás, en apenas una semana, Barcelona dio primero otra paliza a Real Madrid y esa misma noche partió a Japón para dar "una lección" a Santos, como admitió Neymar. El debate argentino sobre Barcelona ahora es brasileño. La goleada a Santos salió de la TV de cable, habitual transmisora de los partidos de Barcelona, y fue vista por millones a través de Globo. "Para quien nunca vio a Barça...", decía Cleber Machado en su relato. "La historia pasó ante nosotros, pero no la historia del fútbol, sino la historia del arte", escribió un comentarista, asombrado tras la exhibición. "Barça: el nuevo Santos de Pelé", tituló otro. Pep Guardiola, DT de Barcelona, un amante de la belleza que lleva 13 títulos en menos de cuatro años, dijo tras la victoria que su equipo, simplemente, se pasó la pelota, "como mi padre me dijo que lo hacían antes los brasileños".


"O maior jogo do mundo", tituló en 1962 un diario de Río de Janeiro la final por la Copa Brasil entre Botafogo y Santos. Había en la cancha ocho titulares y tres suplentes del seleccionado que venía de coronarse en Chile bicampeón mundial. Pelé, Garrincha, Nilton Santos, Zito, Pepe, Amarildo, Zagallo... En esos años, España no jugaba al toque sino a la furia. La década pasó a ser dominada por el Inter de Helenio Herrera y el Milan de Nereo Rocco, símbolos del catenaccio . En la Argentina irrumpió el Estudiantes de Osvaldo Zubeldía. Y Dante Panzeri escribió Fútbol. Dinámica de lo impensado. Se juega bien o se juega mal, pero no hay fútbol "viejo" versus fútbol "moderno", entendía Panzeri en 1967. "Todos nos jugaban a defender, teníamos la pelota 80 minutos. En un partido Lanús defendió con dos líneas de cuatro, dejó sólo uno arriba y ganó con dos goles de contragolpe. Ahora quieren presentar esa actitud como táctica. Y eso siempre se llamó amontonarse", le contó Carlos Peucelle, integrante de La Máquina de River. El Racing de Santander que dirigía hasta su despido Héctor Cúper preparó en octubre pasado una doble muralla ante Barcelona. Guardiola entendió que su habitual sistema de pases podía no servir y eligió atacar con puros gambeteadores. Ganó por 3-0. Antes de la final reciente de Japón, pasó dos días mirando videos de Santos. Pensó que un delantero de punta moriría ante los grandotes del fondo. Decidió atacar con volantes. Ya no fue sólo Messi un falso 9. Thiago fue falso 11. Dani Alves, falso 4; Iniesta, falso 10. Así, casi todos. Si el fútbol es el arte del engaño, Barcelona jugó como nunca al fútbol-total. "¿De qué jugabas?", preguntarán en el futuro a cualquiera de sus jugadores. "De Barcelona", responderán.


Dinámica de lo impensado, reeditado en estos días en España por la editorial Capitán Swing, que volverá a publicarlo en marzo en la Argentina, dice en un pasaje que "para adelantar hay que retroceder. Lo antiguo puede no ser caduco. Lo moderno puede no ser progresista". Cito la frase porque pienso en una imagen del Barcelona 2011. No la de los lujos, ya repetidos y elogiados. Pienso cuando Barcelona, fiel a eso de "retroceder para adelantar", retrasó la pelota al arquero Víctor Valdés en el último clásico. Iban 21 segundos. Tito Vilanova, asistente de Guardiola, ni siquiera tuvo tiempo para sentarse en el banco. Valdés salió mal con los pies y Karim Benzema puso 1-0 arriba a Real Madrid. Los minutos siguientes fueron de pura tensión. Porque el Madrid venía de 15 triunfos seguidos y muchas goleadas, jugaba en casa alentado por más de 80.000 personas y estaba hambriento de venganza. Corrió morbo de fin de ciclo en el Bernabéu. Pero Barcelona no se achicó. Siguió pasándole la pelota a Valdés. Y el arquero siguió arriesgando con los pies, abriendo a los laterales o hacia adelante si algún central quedaba libre. Cualquier hincha argentino lo habría insultado. Barça terminó ganando con baile. Pero elijo esa media hora, hasta el empate de Alexis Sánchez, porque confirmó que el fútbol, además de táctica y técnica, y de cracks y funcionamientos colectivos que pueden ser imposibles de copiar, es también un juego de convicciones. La FIFA condicionó el pase al arquero después del Mundial Italia 90 porque los técnicos lo usaban para perder tiempo. Guardiola lo reinventó para atacar. Cuentan que Pep felicitó a Valdés ante todo el plantel apenas entró al vestuario. "Otro se habría quitado de encima el balón, lo habría tirado largo, pero él siguió igual, porque necesitamos continuidad en el juego. Fue la imagen perfecta que demuestra lo que es este equipo", lo elogió ante la prensa.


El riesgo que asume Barça es la contracara del miedo que domina al fútbol argentino. Guardiola arriesga aun en la comodidad del triunfo. Está siendo "infiel" a su esquema vencedor. Pasó al cruyffista 3-4-3 y, con los fichajes estelares de Cesc y Alexis Sánchez, presentó a Thiago y Cuenca, nuevas joyas de La Masía. Sorprendió a los rivales y nos hace creer que el futuro puede ser aun mejor. Una respuesta al escepticismo de Panzeri, que despreciaba a los entrenadores que querían "organizar la espontaneidad", algo imposible -decía- porque siempre habrá además una "oposición combativa" que buscará "el despojo" de la pelota. "Europa sólo nos vende libros de fútbol", protestaba Panzeri, que murió en 1978. Jamás imaginó que algún día llegaría el Barça de Guardiola. La conmoción en Brasil, "o país do futebol", fue tal que Mano Menezes, DT del seleccionado, emitió un comunicado. Pidió que la derrota de Santos abriera "una discusión más profunda y provechosa sobre los verdaderos problemas del fútbol brasileño". Su equipo nacional había tenido cerca de 70% de posesión de pelota y fallado una decena de clarísimas situaciones de gol cuando Paraguay lo eliminó por penales en la última Copa América. "Ganamos de c...", se sinceró Tata Martino, entonces DT de Paraguay. Minutos antes, la televisión había elogiado su "orden táctico". Fue un torneo que, en líneas generales, premió a los que menos arriesgaron. "Gracias a Dios existe la pelota parada", se exaltó un comentarista tras un gol que llegó de un tiro libre. Seis meses después, con esa misma exaltación, el comentarista saludó el juego de elaboración y riesgo de Barcelona. Cambian convicciones por conveniencias. Como diría Tostão, les gusta la victoria, no el fútbol.

jueves 29 de diciembre de 2011

AL FÚTBOLISTA LO INTENTAN HACER VIVIR EN UNA BURBUJA DE PEDOS

Claudio Yacob, 24 años, capitán de Racing, es el último en salir del vestuario. Tardará un puñado de minutos en caminar esos 30 pasos que lo separan de la sala de prensa del Cilindro, donde lo esperamos. En el medio repartirá unos cuantos saludos, firmará autógrafos, se sacará fotos con algunos hinchas cholulos y hasta grabará mensajes de cumpleaños. Todo ese recorrido lo hará con una sonrisa. Sus 136 partidos con la camiseta de Racing, un club donde todo es euforia pero también efímero, no hacen que se le borre. “Esto hay que pensarlo así. En disfrutar cada entrenamiento, en que tu familia pueda venir a verte jugar y sentirse orgullosa. Yo cuando entro a la cancha disfruto de jugar”, arranca Yacob la charla con NosDigital.


-¿Te gusta esto de ser futbolista? Más allá de jugar a la pelota, también está la prensa, las presiones…


-Son etapas. Yo me inicié con una pelota, ese fue mi primer regalo. Me crié en un barrio muy humilde, en calle de tierra, en Carcarañá, donde todavía vive mi viejo. Enfrente había un campito que todavía tiene el tejido abollado de haber pateado desde que aprendí a caminar. Después el fútbol se va transformando como ocurre en casi todos los aspectos de la vida, como en toda profesión, en la que uno empieza a descubrir otras cosas. De chiquito yo iba al colegio y llevaba la pelota, volvía del colegio e iba al club. Sentía que jugar era mi vida, me conectaba con todo gracias a la pelota. A medida que crecés y te vas interiorizando para seguir mejorando tuve la oportunidad de ir a un club más grande allá. Y después de venir a Racing.


-¿A qué edad llegaste al club?


-A los 14. Cuando decido venir no era solamente porque me apasionaba sino que ya lo veía para el día de mañana ser futbolista. Hoy llevo seis años en la Primera y obvio que no es lo mismo que cuando debuté. Hoy conozco, o me enseñaron, todas las cosas extrafutbolísticas que implica ser jugador. Y la realidad marca que a uno a veces le sacan las ganas esas cosas. Pero tenés que luchar contra eso y decir que el fútbol es otra cosa. Ees una pasión y no lo que a veces se piensa, que es un quilombo de gente, que es un negocio, una mafia, que realmente hay cosas tan sucias que uno no lo puede entender. Siempre caemos pensando que todo esto es por plata. Pero si lo pensás, el fútbol es otra cosa. Es una pasión enorme que llena y enriquece a muchas personas.


-¿Y cómo se lucha?


-Yo creo que todo está en la base, depende de la familia, tener en claro por qué hay gente que te viene a hablar en ciertos momentos y tantas otras que en ciertos momentos no vienen. Yo cuando entro a la cancha disfruto de jugar y se que mi familia se siente orgullosa de lo que yo hago. Después trato de estar alejado. Hay tanta gente sucia que intenta seguir embarrando esto que se vuelve una lucha constante. Esperemos que los que pensamos así ganemos esta pelea.


-¿Y te podés mantener alejado pese a ser el capitán de uno de los equipos más grandes de Argentina?


-A veces uno tiene que pensar como amateur. Así puede seguir creciendo. Al futbolista lo hacen vivir en una burbuja, que es totalmente irreal para el resto de la sociedad. Tenemos todo. Hay muchos que se creen equivocadamente que esto les va a durar para toda la vida. Y no es para nada así. Tienen que saber que es todo muy corto, hay que disfrutarlo y sacarle provecho. Pero saber que esto pasa y no te dura toda la vida. La gente y los compañeros también te los da el fútbol, a mí me dio compañeros que conozco hace diez años acá en el club. Y eso es lo que hay que rescatar.


-¿Por qué vive en una burbuja el futbolista?


-Siempre digo que al futbolista lo intentan hacer vivir en una burbuja de pedos. Lo intentan eh, no siempre. Porque es muy difícil. Viene uno y de un día para otro empezás a ganar una fortuna, salís en la tele, te reconcen por la calle, vas a un boliche y no te quieren cobrar, vas a un restorán y tampoco, cuando tendría que ser al revés, porque el que lo necesita es el pibe de Inferiores que no llega. No sólo con el futbolista, con los deportistas y los famosos debe ser parecido. Le dan todo y le quieren hacer creer eso para después sacarle provecho a uno del otro lado.


-¿Cuando te tocó subir a Primera te pasó esto o ya tenías claro como funciona este mundo?


-Esto viene de la base. Mi viejo fue un laburante toda la vida, lo sigue siendo y lo va a seguir siendo. Ellos me dieron algo que es impagable: el respeto, la humildad y saber que todos somos iguales por más poder o plata que haya. Ni la Presidenta, ni el presidente de Racing, ni el cuerpo técnico, tienen que faltarle el respeto a alguien que está barriendo el estadio, por ejemplo. Porque hay que pensar que todo pasa, y que los puestos se ocupan por momentos. Entonces no se justifica.


-A vos te tocó crecer en la pensión de Racing cuando era un club sin dirigentes casi. ¿Eso también te forma?


-Yo tengo la historia de haber llegado a Racing en 2002 y la verdad que era un quilombo. Fuimos a la casa de un matrimonio en Caballito, donde había sólo un baño, no era la pensión que hay hoy en Racing. En 2004 se armó esto que es un lujazo, a los pibes le lavan la ropa, los llevan al colegio, le dan Internet. Tienen todo y está bien. Yo cuando llegué me tuve que ir a anotar al colegio solo porque mis viejos no tenían la posibilidad de venir, por laburo. Mi viejo trabaja en una fábrica de molinos de harina, arrancó barriendo galpones y de a poquito fue subiendo, pero sigue ahí. De ahí aprendí el sacrifico. Yo era el más chico de la pensión y con un cordobés, que era más grande, empezamos a patear buscando dónde anotarnos. No entendíamos nada. Yo tenía que hacer noveno año. Iba y decía: “Hola, me quiero anotar”. Y así hasta que conseguí un colegio. Iba al colegio y volvía trotando para llegar a tiempo para que el colectivo me pasara a buscar para venir a entrenar.


-¿Lo terminaste el secundario?


-Sí. Hice noveno allá donde me dieron una mano porque entendieron mi situación. Y al otro año, que ya vinieron más chicos de mi categoría a la pensión como Maxi Moralez, Matías Sanchez, Malano, ahí sí nos organizaron mejor y fuimos a un colegio acá en Avellaneda donde pude terminar sin repetir pero con algunas dificultades porque andaba con los viajes de la Selección juvenil. Lo tuve que terminar a la noche. Pero fue una satisfacción, porque tuve que meterle muchas ganas. No cualquiera se va a anotar solo o se cambia de turno.


-¿Por qué hiciste esos sacrificios cuando la mayoría, si anda bien en el fútbol, deja el secundario?


-Porque yo siempre creí que no hay que ser sólo un jugador de fútbol. Que un jugador de fútbol requiere muchas cosas más que jugar bien a la pelota: ser un tipo educado, un señor, bien hablado, que se enriquezca y que cada vez se más inteligente y más capaz. Yo soy un convencido de que alguien que lee, que se forma, se enriquece y se perfecciona. A partir de ahí, un puede entender qué es el contrato que firma, expresarse mejor hacia la prensa. Hoy en día un jugador que se expresa bien ante la prensa y otro que no, hace la diferencia. Hay técnicos que te pueden sacar por declarar mal, o decir algo que no había que decir.


-¿Se le enseña al jugador cómo manejarse con los medios?


-El Colorado Sava siempre cuenta que cuando jugó en Inglaterra llegó y le dieron un manual, le explicaron cómo funcionaban los medios allá, qué medio iba a buscar por qué lado. En Racing ahora algo te explican, pero no hay una persona que te enseñe a declarar, que eso yo se lo expresé alguna vez a Rodolfo Molina. Tiene que haber un tipo que forme a los jugadores a la hora de declarar. Hay una anécdota con Lihué Prichoda que fue a la Selección como sparring. Al otro día cuando volvió a Racing, con 17 años, le hicieron una nota. Le preguntaron sobre la Selección, obvio. Y el pibe dijo, desde la inocencia, desde la frescura, desde la alegría que tenía por haber entrenado con la Selección, que Heinze lo había cagado a patadas. Al otro día lo llamaron de la AFA y le dijeron que no fuera más. Fue un error normal de un pibe, pero más que nada la viveza de periodistas que siempre están mal intencionados. Entonces tiene que haber gente que los forme en ese sentido, sabiendo que hay gente con la que podés hablar de una cosa y gente con la que te tenés que cuidar. Eso se tendría que perfeccionar.


-Hablando de Sava alguna vez nos dijo que incluso adentro de la cancha él pensaba en lo que podía decir el periodismo al otro día. ¿A vos te pasa eso también?


- Yo pienso en disfrutarlo. Si pensás en el afuera te tensionás. Si me pongo a pensar que estoy en la Primera de Racing, me tensiono. Entonces dejo que todo fluya, me libero. Esto es lo que se hacer y pienso que en el campito de enfrente de mi casa era donde mejor me salían las cosas y donde más me divertía. Entonces hay que pensar en ser amateur, en disfrutar y jugar porque me gusta hacer eso. Yo creo que así es como mejor rendís.


-Recién decías lo de formarte y leer. ¿Qué lees?


-Me gusta leer algo de historia, más que nada charlarlo. Una amiga de mi novia estudia eso. Y me encanta, pero no se mucho, me gustaría saber más. Después de otras cosas he leído libros El Secreto, la Novena Revelación, y trato de leer libros que me dejen cosas como Quién se ha llevado mi queso, que habla de los cambios. Por ejemplo yo siempre tengo el pensamiento de que estaría bueno ir a jugar afuera para conocer nuevos lugares, nueva gente, nuevas culturas. Y eso libro te da la enseñanza de que todo cambio es para bien. Que te dan miedo los cambios, pero hay que afrontarlas.


-¿Y todo esto, en tu rol de capitán, lo transmitís en el vestuario o dejás que cada uno arme su camino según sus intereses?


-Yo creo que la familia es el sostén, los cimientos, ahí te formás. Yo tuve la suerte de tener muchachos que me han enseñado mucho, como el Ratón Ayala y el Colorado Sava. Descubrí cosas que antes ni me las imaginaba de la alimentación por ejemplo.Entonces a mi me encanta hablar mucho con los pibes. Tratar de transmitirles mi enseñanza, lo que yo pude aprender y lo que me han enseñado. Para que puedan ir quemando etapas para que no lleguen crudos a un momento en el que es fácil equivocarte.


-Vos llegaste a Primera cuando Racing ardía y jugaba la Promoción. Eran muchos pibes en ese plantel. ¿Cómo lo vivieron?


-Yo en ese momento, realmente, lo disfrutaba. Era inconsciente. Ahora casi lo tengo que trabajar lo de disfrutarlo. En ese momento hacía mis primeros pasos. Recién hoy tomo la dimensión de que éramos todos pibes del club, que jugamos una Promoción, que esta institución podría estar en una segunda división como está River, Central, Gimnasia o como está viviendo ahora San Lorenzo, que también son todos pibes del club. Hubiera sido muy complicado. Mirándolo de afuera, a River o a San Lorenzo, digo “uh mirá estos pibes con lo que tienen que cargar”. Pero en ese momento lo disfrutaba. Me acuerdo el partido con Belgrano, entré y ni siquiera cuando terminó el partido me di cuenta. Hoy después de cuatro años sí te digo “uh, loco, lo que nos jugamos”. Quedamos en la historia, la gente por ahí no lo valora mucho ese momento pero porque zafamos. Pero si no hubiéramos zafado nos hubieran crucificado siendo todos pibes que nos criamos en el club con 18 años.


-¿O sea que entre ese momento de nervios, siendo todos pibes, a este contexto de tranquilidad vos no sentís ningún cambio a la hora de jugar?


-Obviamente que esta situación es diferente. El club está en otra situación. El equipo tiene otra jerarquía. Hoy se juega con otra distensión. Estamos haciendo historia, entrando a una Copa que hace nueve años no entramos, quedamos ahí de entrar a la Libertadores. Yo nunca jugué en Racing una Copa Internacional. Hace mucho que lo desaba. La vengo peleando hace mucho tiempo y últimamente lo veo que este equipo juega, que este equipo se lo merece. Hoy digo que la institución y el equipo, que van de la mano, vienen creciendo. Vamos mirando hacia arriba. Y eso es lo importante. Yo fui parte de todo este crecimiento y lo siento así.


-¿Te gusta cómo juega Racing?


-Juega de diferentes maneras. Me gusta porque piensa en ganar y en sumar. Ganar se puede ganar de diferentes maneras, se puede ganar jugando de contra o atacando por un lugar donde vos sabés que el rival es débil. Y lo que me gusta es que Racing piensa en ganar. El torneo pasado todos nos acordamos de que el equipo jugaba muy bien, pero perdimos 10 partidos de 19. Una locura. Jugábamos bárbaro eh, yo lo reconozco, pero terminamos 15º. Ahora terminamos segundos, pasamos los treinta puntos, que son cosas que yo nunca viví en este club. Del fútbol argentino creo que Racing es un equipo de los más ricos por los jugadores que tiene.


-Alguna vez, cuando arrancabas en Primera, apareciste como modelo publicitario, que no está tan bien visto por los hinchas. ¿Te arrepentís? ¿Por qué lo hiciste?


-No. Uno cuando hace algo sabe lo que puede venir, está en aceptarlo nada más. Cuando me llamaron estuve dos meses diciéndoles que no, porque creo que el jugador de fútbol tiene que dar una imagen seria. Pero cuando conocí a la gente, me dijeron cuál era la idea, la verdad que me divertí un montón. Fue una experiencia muy linda que hasta la hice una segunda vez. Después ya dije que era un exceso. Pero lo hice sólo como una experiencia eh, no me dieron plata ni nada. El fin era divertirme. Por suerte me dieron mucha ropa y se la traje a los chicos de la pensión, a los utileros, que para ellos es importante. Ellos lo disfrutaron y mucho más yo, porque la pase bien, me cagué de risa. Si la pasas bien, yo creo que no hay que darle muchas más vueltas, no hay que arrepentirse. Hay que hacerlo, sin importar el qué diran porque hablar siempre se va a hablar.


-¿Y por fuera del fútbol qué hacés? ¿Tenés algun hobby?


-Tengo que retomar las clases de guitarra, me gusta cualquier tipo de música. He ido a pintura también.-Como Ayala.


¿Él te hizo incursionar?


-Con el Ratón hablamos, me regaló un cuadro que se lo pedí. Le tiré un par de centros para que me lo regalara solo, pero se lo tuve que terminar pidiendo jaja. Arranqué porque tenía ganas. Era un momento con muchas presiones acá, que después zafamos de la Promoción. Y eso que decíamos recién de disfrutar no lo podía hacer, me venía ganando la presión. No podía disfrutar de un partido, de entrar a un campo de juego, que venga mi familia, hasta les pedí que no vinieran porque la pasábamos mal. Así que un día iba en el auto y maquinaba, viste. Dije o me tengo que ir de Buenos Aires o algo, porque necesitaba respirar otra cosa. Y pasé por un ventanal que había una vieja pintando, con un pincel grandote, de dos metros. Y la vieja pintaba, pintaba, pintaba. Siempre en la suya. Se le veía sonriendo. Entonces dije eso es lo mío. Me anoté el número. Llamé y me compré una carpeta, unas temperas y me presenté. Pero fui con la idea de que no me descubran que soy jugador de fútbol, para que no me rompan las pelotas. Yo voy ahí para relajarme, para hacer otra cosa, para que el tiempo vuele. Me presenté como Federico, dije que estudiaba administración de empresas. La mina era una hippona, me encantaba la onda. Fui a un par de clases y estaba buenísimo. Hasta que nos sacamos una foto de fin de año y un día la mina me dijo “che, vos jugás al fútbol?”. “No, nada que ver”, le dije. El novio le había dicho que me parecía un jugador. Y yo le mandé que siempre me lo decían, que me confunden siempre pero que ni sabía el nombre del pibe que juega al fútbol. Hasta que ya era incómodo, irresistible. Porque yo cuando pintaba me re concentraba, volaba, el tiempo se me pasaba, lo había encontrado como un cable a tierra de verdad. Entonces la mina, de a tres metros, me llamaba. “Che, Fede”. Y yo nada. Entonces se acercaba: “Che, Fede”. Y yo pintaba, re metido. Hasta que me lo decía en la oreja, porque me olvidaba que era Fede. Y un día ya me dio vergüenza, la mina se daba cuenta. No la podía remar más. Ahora me escribe para que vuelva, ya voy a volver. Sigo pintando en casa, alguna cosita hago porque me encanta. Eran unas veteranas hipponas, un flaco que era re hippón. Me encantaba la onda. Yo soy así… Si no jugara al fútbol me compraría un…¿Cómo se llama eso? (hace con las manos un volante)


-Un motorhome…


-Uno de esos. Vuelo, vuelo, vuelo. Yo ya le dije a mi novia. Cuando termine el fútbol me vas a hacer el aguante. Uno vive con horarios todos los días, de lunes a lunes. Entonces te satura. Es un sacrifico enorme. Te perdés un montón de cosas. La familia, yo tengo dos sobrinas que no las veo mucho, me perdí el crecimiento de mi hermano. Uno se queda con las cosas lindas, pero es una lucha constante que hay veces que te vence, que las presiones te ganan.


Nosdigital.com



domingo 11 de diciembre de 2011

MUERTO EL 5, VIVA EL 5

La moda del doble pivot vino a recortar su campo. Así y todo, el 5 sigue siendo 5, y se le nota, aunque ahora tenga un inquilino en la habitación contigua. Puede compartir el espacio, pero no la propiedad.


por Fernando Pacini


De un mediocampista central se pretenden muchas cosas. Su papel es decisivo en el perfil de un equipo. Participa activamente en los dos momentos del juego: ataque y defensa. Su rol de organizador, aplica tanto a la posesión como a la recuperación. Es quien comienza a planear el ataque, quien toma las primeras decisiones respecto de la dirección ofensiva. También es quien primero debe comprender el ataque adversario, esencialmente porque de él depende que la defensa se adelante o retroceda; su decisión provoca uno u otro comportamiento.


El listado de las potenciales funciones de un mediocentro es amplio, posiblemente infinito. Como sea, nadie discute que un N° 5, ante todo, debe entender el juego. Por muy buena técnica que disponga, sin capacidades conceptuales, en el mejor de los casos será incompleto. Hay 5 "defensivos" y los hay "ofensivos". Es la manera de definir el perfil, la tendencia más acentuada en ese futbolista. El 5 completo no se califica de ese modo. Hay equilibrio en sus facultades: defiende y ataca, juega y quita, vuelve en el contraataque y respalda el ataque propio.


La moda del doble pivot vino a recortar su campo. Así y todo, el 5 sigue siendo 5, y se le nota, aunque ahora tenga un inquilino en la habitación contigua. Puede compartir el espacio, pero no la propiedad. Toma la mitad del campo y ejerce su autoridad.


Una de las virtudes sobresalientes de esta especie es tener la capacidad de resolver problemas que no existen, conocer la solución antes de que aparezca el enunciado. En ese ejercicio intelectual, domina el tiempo por un instante. Si uno o dos pases antes de que la pelota llegue a él conoce el destino que le dará, sólo resta ejecutarlo correctamente. Cuando un contraataque rival se viene encima como malón, si es capaz de interferir las comunicaciones del rival, volverá a adelantarse.


Una de las actividades más valiosas de un 5 es el pase entre líneas. Es un pase que despeja, que aclara el panorama y acerca el objetivo; oxigena al ataque y permite arrimarse a la última instancia: el remate, o un nuevo pase, más decisivo y más cerca del arco, por lo tanto, más cercano al gol. Si la habilitación es por el lado "ciego", es decir, hacia delante, profundo, y en el mismo sentido del que le llegó la pelota, mejor aún. Ese envío puede romper una defensa, que de pronto se ve obligada a frenar a cero.


La reciente historia del fútbol moderno deja decenas de buenos ejemplos de volantes centrales, diversos, con rasgos que distinguieron su paso. Guardiola fue un organizador de fantasía, un entrenador con pies obedientes. La cancha estaba en su cabeza y todo tenía un sentido colectivo. Redondo era la voz de mando, el punto medio inevitable, elegante, preciso en su pase y sobre todo, competitivo hasta la médula. Rijkaard, en sus tiempos de 5, pasaba por 9 cuando atacaba y por líbero cuando defendía. Corría mucho, jamás de gusto. Xabi Alonso o Busquets, hoy, articulan admirablemente el juego de las dos potencias más grandes. Todos, entendían y entienden los secretos de la simplicidad, la importancia de ahorrar en ocasiones y de gastar desmesuradamente en otras. El 5 es muchas cosas, pero sobre todo un administrador.

jueves 8 de diciembre de 2011

ADIOS, AMIGO

Por Eric Nepomuceno para Libero Pagina 12


Tenía un nombre casi tan grande como su talento: Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira. De haber aguantado hasta el 19 de febrero de 2012, hubiera cumplido 58 años. Se fue absurdamente antes. Ha sido un jugador elegante, imprevisible, altivo, siempre con la cabeza alta y la mirada digna, feroz, que veía cosas que nadie más parecía ver. Fue el artífice y el capitán de la última selección realmente brillante que el mundo pudo ver, la brasileña de 1982. Defendía el fútbol-arte por una razón tan sencilla como indiscutible: estaba seguro de que el jugador es un artista. Ha sido, por encima de todo, un gran tipo.


Nos conocimos, ya no recuerdo bien cómo, en 1985. Nos hicimos amigos. Yo le hablaba de fútbol, él me hablaba de libros. Era un brasileño preocupado por su tiempo, su gente. Recuerdo nuestros encuentros con actores, con cineastas, con compositores. Recuerdo nuestras conversaciones en mi casa con Chico Buarque, futbolero emérito. Chico se empeñaba a fondo para hablar de fútbol. Sócrates quería saber cómo ayudar a que la izquierda ganase espacio en Brasil.


Recuerdo el día en que Sócrates supo que yo era amigo de Eduardo Galeano. Por años, mientras Sócrates vivía en Río, cada vez que Galeano venía, íbamos a almorzar a su casa. Galeano ha sido el único tipo con quien vi a Sócrates hablando de fútbol.


Sabía que era un ídolo, y aprovechaba esa circunstancia –que reconocía como efímera– para defender ideas que ningún ídolo del fútbol suele defender. Iba a las calles, a las plazas, se juntaba con los movimientos por el retorno de las elecciones, por la democracia, se la jugaba contra dirigentes deportivos que pretendían limitarlo a su condición de mero jugador.


“La fama tiene su precio. Y si tengo que pagar ese precio, que al menos me dejen usar mi fama en defensa de lo que creo”, me dijo una vez. Y así ha sido siempre.


La usó, a la fama, todo el tiempo. En aquellos años en que en Brasil se defendía el derecho al voto, es decir, el derecho a enterrar de una vez la dictadura, Sócrates era figura permanente, para desespero y furia de los dirigentes deportivos. “El jugador es una persona, un ciudadano, y no un atleta y punto final. No, no, yo defiendo mi derecho a fumar, a tomar cerveza, pero principalmente mi derecho a pensar”, decía. Y pensaba en grande: quería un mundo de iguales.

En la cancha era de una elegancia sin par, de una osadía que desconocía límites y reglas, de una frialdad que ocultaba una pasión desmesurada. Se hizo ídolo en el Corinthians y de inmediato aprovechó su fama para defender la “democracia corinthiana”, en los comienzos de los años ’80, en plena dictadura. En el Corinthians, jugadores, porteros, utileros, masajistas, todos participaban de las decisiones junto a la dirección técnica y a los grandes caciques del club. El fútbol era, para Sócrates, una gran metáfora del país. “Somos artistas”, decía con relación a sus compañeros de equipo. Y preguntaba: “¿Qué dirigente puede tener más peso que un artista?” Era una forma de decir que el pueblo es el artista, que debe tener la palabra final sobre su propio destino.


Nos vimos por última vez hace tres años. Yo presentaba un libro en San Pablo. No quiso venir a la presentación: robaría las atenciones. Vino a verme después. Hablamos de fútbol y de escribir. Me dijo: “Uno no juega para ganar. Juega para que no te olviden”. Y me preguntó para qué uno escribe. Le dije lo que cierta vez dijo García Márquez: “Para que los amigos me quieran más”. Concluimos que se juega por las mismas razones que se escribe.


Ayer, el Corinthians se consagró campeón brasileño. Al iniciarse el partido, los jugadores hicieron un círculo y repitieron el gesto clásico de Sócrates: irguieron el brazo izquierdo, el puño cerrado.
Ojalá sepan lo que ese gesto significó en los años duros, cuando Sócrates se imponía como ciudadano, como hombre íntegro, angustiadamente comprometido con el futuro. Un futuro que el país conquistó, de la misma forma que, en el día de su muerte, su equipo supo conquistar el título nacional.

sábado 26 de noviembre de 2011

LA ESRATEGIA DEL CARACOL

"Messi insiste e insiste; confía más en su tozudez que en su talento", dice el autor del libro sobre el crack rosarino que se publicará la próxima semana.


Por Ezequiel Fernández Moores
Canchallena


"Para Eduardo con afecto", escribe Lionel Messi. "¿Te creés que no lo conozco?", le dice a Marito De Stéfano, mientras completa la firma. El utilero de la selección argentina, por las dudas, quería explicarle quién es el Eduardo Galeano al que le está firmando la camiseta número 10. El escritor uruguayo abre grande los ojos cuando recibe el regalo de Fernando Signorini, ex preparador físico de Diego Maradona y de la selección. Lo muestra orgulloso a los mozos del restaurante Il Gran Caruso, en Palermo Hollywood. "Los extraordinarios antes de Messi (AM) llevaban la pelota atada al pie, pero la aparición de Messi deja bizcos a los científicos, incapaces de explicar lo inexplicable: Messi -dirá Galeano en las casi cinco horas que duró la cena- no la lleva atada, lleva la pelota metida dentro del pie, forma parte de su cuerpo y sin duda también de su alma." Al día siguiente, superado un pobre primer tiempo en el que lo obligaban a atacar en soledad, Messi, más entusiasmado con el ingreso del Kun Agüero, lidera a la Argentina que remonta y termina ganándole 2-1 a Colombia en el infierno de Barranquilla.


"Messi -me dice Leonardo Faccio- no quiere ser caudillo. Acá en Barcelona lo desacostumbraron a jugar solo." Editor asociado de la revista Etiqueta Negra, antropólogo social, profesor de Columbia University en Barcelona y premiado en 2008 por la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano de Gabriel García Márquez, Faccio publicará en una semana el libro Messi. El chico que siempre llegaba tarde (Y hoy es el primero) . Me detengo en una página. Un acto en la escuela primaria. La maestra elige disfraces que se adapten a las características de cada niño. Ellos son insectos de un bosque con animales en peligro de extinción. En la escena, que Faccio ve en un DVD que le muestra un amigo de la infancia de Messi, Leo se mueve lento. Carga un caparazón de cartón forrado en tela que delata horas de delicado trabajo familiar. Messi niño es un caracol. Maestras, amigos y familiares dicen a Faccio que el Messi no futbolista era un niño lento, tímido, dormilón, casi mudo, acaso desganado y que quizá hasta hubiese amado ser invisible. Pero que se trasformaba con el fútbol. Como el día que se quedó encerrado en el baño de su casa y no llegaba a un partido en el que los ganadores se llevarían una bicicleta de premio. Rompió un vidrio y llegó corriendo para el segundo tiempo. Hizo tres goles. De 0-2 a 3-2. Y todos ganaron una bicicleta. "Las cosas me van cada día mejor en el Futbol." La carta desde Barcelona al amigo rosarino dice fútbol sin acento. Pero con mayúscula.


"Vas a correr menos y vas a jugar más", cuentan que le dijo Pep Guardiola un día a Messi. "La Pulga", que en el potrero rosarino hacía goles casi de arco a arco, decidió permanecer en Barcelona, cuando parte de la familia no soportó el traslado y retornó a Rosario. Tenía 13 años. Ya se aplicaba las inyecciones diarias de somatotropina sintética que lo ayudaron a superar sus problemas de crecimiento. Y se adaptaba a la disciplina casi militar de La Masía. Sentarse para el almuerzo por orden de llegada y sin dejar sillas vacías, verduras los lunes, martes y miércoles; carne roja, pollo y cordero, los viernes, sábado y domingos. Pescado y ensaladas. Golosinas prohibidas. 50 euros por mes. Metegol sólo en horarios específicos. Tres horas diarias de fútbol. Jornadas que comenzaban a las 8 y terminaban a las 19. Y que incluían escuela obligatoria, aunque luego se quedara dormido en más de una clase y, ya casi futbolista profesional, debiera abandonar en segundo año. "La disciplina que Messi muestra en el juego -escribe Faccio- la ha heredado del encierro que vivió en su adolescencia. Es la habilidad desfachatada del potrero argentino contenida por el rigor académico del FC Barcelona. El crack que nació en un país hecho por líderes caudillos hubiese tenido otro destino sin la crianza de un club que apostó por la democratización de la pelota."


Se fue de la Argentina poco antes de que estallara la crisis de 2001, cuando la obra social y el club retaceaban el tratamiento médico de crecimiento. En la primera convocatoria que envió a Barcelona, la AFA escribió "Leonel Mecci". Inició como suplente primero en el Sudamericano y luego también en el Mundial Sub 20. Lo expulsaron al minuto en su debut con la selección mayor. Terminó en el banco en Alemania 2006. Salió de Sudáfrica 2010 con un 0-4. Y fue silbado e insultado en plena Copa América de Argentina 2011. Pero Rosario sigue siendo su territorio. Allí, cuenta Faccio en su libro, conoció sexo, novia y amigos. El libro, una pieza literaria de formidable rigor periodístico, dice que en Rosario también hay abuelos que sienten olvido, representantes que reclaman ante los tribunales y un hermano que por momentos no está bien y que Messi ama como pocos. Irse para ser no es nuevo en la Argentina. Pero a Messi, aplaudido en España en estadios rivales y elogiado por la prensa madrileña, todavía le cuesta ser en la Argentina. En La Masía, en las prácticas de uno contra uno, a él solían marcarlo tres. Y les ganaba. Puro instinto, para anticiparse, como Garrincha. En la Argentina piensa mucho y no fluye. Si el mundo lo ve como un "niño genio consagrado", en la Argentina, me dice Faccio, Messi todavía es "un personaje en construcción, sin perfil definido". Pero que "esquiva el rol de caudillo" que queremos para él. Porque Messi no es Maradona.


El libro editado por Random House Mondadori en España y por Sudamericana en la Argentina tiene como "motor la curiosidad, no la pasión futbolera". Faccio, de hecho, conocía poco y nada de fútbol. Casualidad, o no, Faccio llegó a Barcelona casi al mismo tiempo que Messi y vive a 200 metros del Camp Nou. En estos días, lo ocupa la cuestión saharaui, donde viaja desde 2004. Su trabajo sobre Messi se divide en 2009, 2010 y 2011. "Es un perfil, no una biografía", precisa. Faccio, periodista gracias a Rodolfo Walsh y que creció leyendo a Fontanarrosa, Soriano, Sasturain y Galeano, hizo un trabajo de hormiga. "Necesito data -me dice-, laburo mirando la libreta, no el techo." Escribió un relato austero y descriptivo, que retrocede al niño que a los 11 años se alejó por primera vez del barrio y se perdió hasta encontrar el cementerio donde estaba enterrada la abuela Celia hasta llegar al crack con moño que gana el Balón de Oro. No es fácil escribir un libro sobre un personaje que renueva hazañas dos veces por semana para que la tele globalizada las repita hasta el hartazgo, en cámara lenta, para comprender mejor y no quedarnos bizcos. Peor, además, si el personaje es casi inaccesible, habla poco, jamás responde a provocaciones y tiene como único capricho público querer jugar siempre. "Fue como poner una cámara en esos momentos en que supuestamente no pasa nada, pero que definen a las personas. Eso confirma la idea de que el oficio del periodista consiste en gran parte en aprender a esperar para comprender", dijo Faccio a Quimera , una revista literaria de gran prestigio en España. Para Faccio, Messi "es un tipo de procesos". Su forma de vida -me dice el autor- es "predecible" y quizá por eso, a diferencia de otros genios, Leo es "tan regular" en la cancha. "Messi va por repetición. Insiste e insiste. Confía más en su tozudez que en su talento", arriesga Faccio. La tozudez a la que, tal vez, también se aferra para gambetear altibajos e incomprensiones y confiar en que también hay futuro para la selección argentina. Ésa es su estrategia. La estrategia del caracol.

domingo 16 de octubre de 2011

A LAS MADRES DEL MUNDO

Y aunque el rostro desapareciera en el fin

las sombras imborrables y el sol de contraste recorrieran la imagen

La belleza es el reflejo de una madre sobre las aguas eternas

sueños que se esparcen por la inmensidad del mundo.

Juan Manuel Petruelo


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viernes 14 de octubre de 2011

LA SELECCIÓN, DE SABELLA A PERÓN

"Siento en mis oídos la más maravillosa música, que es la voz de la gente de Estudiantes", dijo al pueblo que lo vitoreaba en la plaza tras la obtención de la Libertadores 2009. No fue casualidad ese parafraseo a Perón. Apasionado por la política, en los 70 colgó un cuadro del General, simpatizó con Montoneros y leyó la revista El Descamisado. Su discurso de asunción como el líder de la Nación futbolera incluyó referencias a Kennedy y Belgrano. Pero la primavera "sabellista" duró menos de cien días. El histórico 0-1 con Venezuela canceló la luna de miel.

Bienvenido al seleccionado, Alejandro. A un equipo que un viernes marca cuatro goles, corriendo de contraataque, y al martes siguiente no patea al arco en 45 minutos sin poder levantar las piernas. Décima en el ranking FIFA, la Argentina hoy no sería cabeza de serie en un Mundial por primera vez desde México ´86. Las victorias son cada vez menos frecuentes y las derrotas, menos esporádicas.

Bienvenido a un equipo desparejo, con mucha distancia entre su figura y sus indispensables complementos. Un abismo, si comparamos la diferencia entre el crack y los laderos en, por ejemplo, los Mundiales de 1998 y 2002. Messi es el mejor, Higuaín está en la elite, pero ha bajado la calidad en otras posiciones.

Bienvenido a una selección devaluada deportivamente, que no ha perdido cotización en el mercado sólo por la presencia de Lionel Messi, al que todos quieren ver. Hace exactamente tres años, Coco Basile renunció tras otra histórica caída, ante Chile, en Santiago. Su segunda etapa no funcionó, pero lo que vino después fue mucho peor. Los ciclos de Maradona y Batista, finalizados tras sendas frustraciones en torneos oficiales, le quitaron todavía más valor al equipo nacional. Sus selecciones alternativas para partidos recaudatorios y políticos ayudaron a bastardear el prestigio. Entre octubre de 2008 y octubre de 2011, ¡139! (ciento treinta y nueve) futbolistas se pusieron la camiseta nacional. Diez arqueros, 47 defensores, 60 mediocampistas y 22 delanteros. Hoy en el seleccionado juega cualquiera que se destaque en un par de partidos. Y como no hay indiscutidos, salvo dos o tres excepciones, los pedidos y las convocatorias son ilimitadas.

Ante este difícil panorama, debe asomar el líder. "La conducción es un arte de ejecución simple: acierta el que gana y desacierta el que pierde. Juzgamos todo empíricamente por sus resultados" , dice el General en su Manual de Conducción Política. Llegó el momento de definirse para Sabella. Idea de juego, intérpretes, táctica, estrategia, pautas de convivencia. Asumió con la competencia encima, es cierto, pero aceptó las condiciones. "Quien debe conducir los acontecimientos es él. Y no debe ser conducido jamás por los acontecimientos." Hasta que comience el partido, sus decisiones y sus actos serán los más importantes. El grupo lo analiza con lupa. Lo toma como referencia. Admitir que se conforma con ganar medio a cero (como si eso dependiera de uno mismo) habilita a que su capitán diga: "Vinimos con la intención de rescatar un punto". Es indefendible esa declaración de Leo. Hablar de la humedad y el calor como factores influyentes en un resultado abre la puerta de las excusas. Así, Demichelis teoriza sobre "el pasto raro".

"Es menester desarrollar al máximo el raciocinio ". La próxima doble fecha de eliminatorias será idéntica a la anterior, con el primer partido de local y el segundo de visitante, en tierra cálida, húmeda y lejana. La experiencia de Puerto La Cruz ayudará a no repetir errores en Barranquilla. Rotación de futbolistas entre partidos y llegada con mayor antelación al lugar de visita se imponen como ajustes necesarios. Las noches libres en Buenos Aires para algunos jóvenes que viven en Europa son un peligro. "Los hombres son todos buenos, pero si se los vigila son mejores" , decía el General. Autocrítico y reflexivo, su demora en los cambios ante la superioridad de Venezuela le ha mostrado la importancia del olfato. "Cuando no hay tiempo de recurrir al raciocinio, lo salva la intuición ".

Le llegó la hora de conducir. Ser uno más, como los anteriores que hoy dirimen sus miserias en los medios y la Justicia, o hacer la revolución que este demonizado seleccionado necesita. Depende de él. Deberá vencer y convencer. No será tarea de un solo hombre, pero le toca como líder. Seguramente Alejandro Sabella conoce esta frase de Perón: "Sólo con los grandes riesgos se obtienen los grandes éxitos" .

Por Juan Pablo Varsky (Canchallena)